São Paulo, 4 marzo 2007. Prot. Nr. 75/2007
“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; Pero si muere, da mucho fruto” (Jn. 12, 24)
Puede parecer extraño introducir con esta cita del evangelista Juan el saludo a la Congregación con ocasión del nacimiento del p. Dehon, pero si nosotros todavía recordamos aquel 14 de marzo de 1843 es porque p. Dehon ha sido no solamente una simiente de buena calidad, sino sobre todo porque ha aceptado caer a tierra y “morir.” La buena calidad la ha demostrado en las capacidades intelectuales que, con su preparación académica y teológica, han hecho de él a un conferenciante estimado, “una especie de escriba veloz” (Sal 45,2) en periódicos y múltiples publicaciones; buena calidad también mostrada en el trato gentil y respetuoso que le han merecido la mención de “Très Bon Père”. Su valor lo ha demostrado en el unir su oblación a la de Cristo, en el haber repetidamente dicho y vivido su “Ecce Venio”, y en el haber aceptado, con humildad y corazón grande, los momentos que lo unian íntimamente al don de si que Jesús ha hecho sobre la cruz, uniéndose a sus palabras “todo se ha cumplido” “consummatum este”( Jn. 19,30). Una buena semilla convertida en patrimonio espiritual, además de que compromiso eclesial, social y misionero. De esta buena semilla hemos nacido, y es bueno hacer memoria de ello. La gratitud que nos nace espontánea en el corazón y que en este día tiene también que encontrar espacio en nuestras celebraciones y en nuestras comunidades, nos empuja a participar en la obra iniciada por p. Dehon como testimonio claro e irrefutable de la vitalidad de esta semilla, que ha aceptado el consumirse para dar fruto. Una vitalidad que ha emergido durante los trabajos de la última Conferencia General, en la conciencia de nuestra llamada a participar en la misión de la Iglesia, haciendo de Cristo viviente el corazón de nuestro vivir y de nuestro anuncio. Una vitalidad que encuentra válida expresión en el importante texto “Orientaciones de la VII Conferencia General”, pero aún más en la disponibilidad de muchos de hacer suya la invitación a la misión. Son muchos los que han contestado a la carta personal mandada el 3 de diciembre pasado, fiesta de san Francisco Javier, patrón de las misiones y patrón de la Congregación. Muchos ofrecen sus oraciones y su vida, signada por los años y los límites físicos; éste es sin duda “un sacrificio viviente, santo y agradable a Dios”( Rm 12,2) y para nosotros un tesoro de inconmensurable valor. Otros, con el entusiasmo de su juventud, dicen que viven el tiempo de la formación inicial como preparación para la misión, cultivando su disponibilidad para dejar también su país para que “Dios sea todo en todo” (1 Cor 15,28). Otros, finalmente, después de un servicio generoso a sus provincias, o después de años de trabajo lejano de su provincia de origen, han declarado su disponibilidad a retomar el camino, aprendiendo, si fuera necesario, otra lengua y dispuestos a crear nuevos lazos de comunión con nuevas personas, para que la simiente pueda continuar danto frutos abundantes. Entre estos hermanos, algunos han sido contactados, como también sus correspondientes superiores, en vista de dar una respuesta a las urgencias presentadas a la Congregación. En los próximos meses, tres o cuatro de ellos partirán para la India para sustentar aquella joven presencia dehoniana en este momento importante y delicado de crecimiento. Indudablemente otros contestarán positivamente al llamado lanzado, así que se pueda dar también una respuesta a otras urgencias como Angola, o consolidar algunas presencias en América latina, y también fortalecer la evangelización en tierras de larga tradición cristiana. La gratitud por el regalo que a la Iglesia y a nosotros se nos ha hecho en la persona del p. Dehon, nos empuja a invitar a otros a asociarse con nosotros, a compartir con nosotros el camino. Roguemos al Dios de la mies para que, como su palabra, así también el ejemplo luminoso de p. Dehon, sea para todos nosotros como “simiente para el sembrador y pan para comer”( Is 55,10). Su Espíritu nos haga fervientes en la oración y testigos creíbles en la vida, para que la osadía de la fe inspire las nuevas generaciones a comprometer toda su vida por la causa del Reino. P. Dehon, del que celebramos el nacimiento, interceda por nosotros para que, como sarmiento unido a la vid, la Congregación por él fundada pueda dar frutos abundantes.
En el Corazón de Cristo,
P. José Ornelas Carvalho, scj Superior General
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